El PELIGRO DE LA DEFLACIÓN POLÍTICA

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Siempre hay momentos de la historia que rezuman desconfianza política. Es un continuum en la historia humana, no un hecho aislado del siglo XXI. La corrupción, la presencia del poder económico en el poder político, el relativismo público, la inoperancia y un extenso etcétera de motivos por los que algunos pensadores y periodistas demuelen el negocio político ha sido una constante en cada periodo de crisis severa. Lo es hoy, lo fue en la guerra fría, del Vietnam o en las dos grandes guerras mundiales.

El peligro que entraña esta animadversión de las democracias pluralistas, de la deflación de la política pluralista, es el posible encumbramiento de totalitarismos disfrazados de pensamiento, periodismo e incluso partidos políticos.

Sucedió en la Alemania de 1929 cuando la República de Weimar, hazmereír de los gobiernos europeos solventes y vergüenza de la nación alemana, motivó un descredito del negocio político y de la democracia pluralista.

El rector por aquel entonces de la Universidad de Munich, el viejo Karl Vossler, advertía del resentimiento antidemocrático de muchos colegas suyos y de la prensa a tenor de la parodia de Weimar:

“Siempre bajo nuevas transformaciones la antigua sinrazón: un politizar metafísico, especulativo, romántico, fanático, abstracto y místico… Se pueden oír sollozos acerca de lo sucios e incurablemente mancillados que son todos los negocios políticos, sobre lo falsos que son la prensa y los gobiernos, sobre lo malo que son los parlamentos, etcétera. Los que así gimen, presumen con tono de importancia de ser demasiado elevados y espirituales para la política”.

Seguramente habréis dado con algunos voceros de este resentimiento político que disfraza un deseo de totalitarismo y amputación de opiniones primero y libertades después.  A quien escribe, sin citarlos, se me presentan partidos que compiten en la carrera electoral con el deseo de una vez instalados en el poder, desmenuzar la democracia, como hizo el partido nazi en Alemania o incluso algún mandarín muy actual en el norte de Europa y que está de rabiosa actualidad en estos días.

Desconfiar de aquellos apóstatas de la democracia pluralista y los animadversores de los estados democráticos, demoler su ansia totalitarista disfrazada de elevados valores, es un ejercicio que todavía hoy nos conviene y es necesario a los escépticos, cansados e incluso hastiados pero convencidos demócratas.

(En la foto el lingüista y rector de la Universidad de Munich en 1929, Karl Vossler)

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