La mujer de tu vida eres tu

el

Nunca supiste si era el mar o la mar, pero no importa, te demorabas soñando en su lomo azul, en silencio, masticando su sal, paladeando su calma bañada de luz y templanza… Le esperaste tarde tras tarde, escupiendo tu esperanza sobre la espuma de las desmedradas olas para no marchitarla. Hasta que un día despertaste y descubriste que ya estaba allí, de hecho siempre lo estuvo, sentado contigo, paciente y tierno, gentil y complaciente. El jamás te había abandonado… Tu corazón…

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